Guerra por el traslado del Palacio Municipal a Ramos Mejía

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La Década Infame que los conservadores ejecutaron luego del golpe de estado del 6 de septiembre de 1930 se expandió por todo el territorio nacional. La política y los negocios formaron parte de una misma cosa para quienes se sentían los verdaderos dueños de la Argentina.

 

En el año 1939 gobernaba la provincia Manuel Fresco. Todo un símbolo del caudillismo bonaerense, Fresco lideraba el Partido Demócrata Nacional (PDN). En la Intendencia de Matanza se había comisionado a Agustín Isaías de Elía. Descendiente de Francisco Ramos Mejía, Agustín de Elía además de Intendente se desempeñaba como senador y creyó ver un gran negocio en el traslado del Palacio Municipal.

 

Por entonces San Justo no era el poblado más desarrollado del distrito. Según un informe del gobierno comunal de entonces, su población estable rondaba los 4.000 habitantes, mientras que en Ramos Mejía, en diciembre de 1938, había 28.215 personas. La influencia del Ferrocarril Oeste hacía que el poblado más próspero fuese Ramos, impulsando básicamente al comercio.

 

Entonces el intendente de Elía creyó oportuno presentar un proyecto para construir un nuevo Palacio Municipal en terrenos baldíos ubicados en Avenida de Mayo al 1.500. En una superficie totalmente despoblada, a principios de 1939 se pensaba crear el barrio parque General Bartolomé Mitre junto a la nueva sede comunal. Los conservadores matanceros supusieron que la obra iba a ejecutarse rápidamente y se inauguraría en enero de 1940. Pero, inesperadamente, surgió una fuerte oposición del vecindario sanjustero.

 

Además del flamante Palacio Municipal y del barrio Bartolomé Mitre se anunciaba una sucursal bancaria, un colegio nacional, una sala de cine, un recreo público y un edificio para aguas corrientes. El Estado municipal ya había adquirido una parcela de tierra de 120.000 metros cuadrados y se apresuraba a imponer la iniciativa.

 

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De inmediato, y ante la velocidad que tomó el proyecto, en San Justo se constituyó la Unión de Vecinos de Matanza. Encabezados por Ignacio Arieta, Héctor Fernández Mendy, José E. Eizaguirre, Joaquín Domato y Vicente Capurro estos referentes (mayoritariamente vinculados a la UCR) desplegaron una intensa actividad. Movilizaron a vecinos, realizaron actos públicos y enviaron telegramas al gobernador Fresco y al presidente Roberto Ortiz.

 

El doctor Arieta argumentaba que se trataba de un gasto innecesario y que “el actual Palacio Municipal es nuevo y bello; y cuesta desde su inauguración en 1927 hasta ahora, cerca de 400.000 pesos”. Esto último lo expresó en el salón de actos del diario capitalino La Prensa hasta donde se llegaron decenas de matanceros opositores al traslado.

Ante tamaño movimiento, Agustín de Elía optó por insistir con el proyecto; no quería que los radicales le torcieran el brazo. Para eso hizo organizar otro movimiento vecinalista pero en este caso para apoyar su idea. En una carta sin firmas lo alentaban a seguir adelante. La esquela se publicó el 17 de junio de 1939 en el diario El Oeste: “todas las grandes empresas de aliento que hicieron grande a este país tuvieron opositores, pero en este caso somos la inmensa mayoría de la población de este partido los que hemos de acompañar”.

 

La batalla estaba declarada y el Intendente no se privó de nada: Los mismísimos inspectores municipales salieron a la “caza” de adherentes. Arieta no dejó pasar la grosería política y denunció a de Elía ya que “inspectores y empleados de la Municipalidad de Matanza, haciendo gravitar el peso de su autoridad, recorren pueblos y villas del partido exigiendo adhesiones para el proyecto”. Al parecer los inspectores presionaban a pequeños comerciantes de los distintos pueblos matanceros.

 

Ante tal ofensiva los vecinos de San Justo sacaron un As de la manga y le asestaron un golpe de gracia al intendente de Elía. Los vecinos dieron a conocer a la opinión pública que las tierras en donde se quería a construir el nuevo Palacio Municipal y el barrio General Bartolomé Mitre pertenecían “a la sucesión de doña Magdalena de Elía de Ezcurra”, familiar del Intendente. Se supo así que el tema de fondo, en verdad, era un negocio inmobiliario con destinatario directo. Quedaba demostrado que el nuevo edificio municipal ocultaba favores comerciales para la familia de quien impulsaba el proyecto.

Esto sublevó a los vecinos de San Justo que el domingo 2 de julio colmaron la plaza céntrica. Banderas y carteles poblaron el centro cívico (ver foto). Acusaron al jefe comunal y hasta un descendiente de Justo Villegas se hizo presente en el mitin. “Se buscan tierras familiares para sacarles rentas”, acusó sin tapujos Alfredo Villegas Oromí ante la ovación de la multitud.

 

El intendente Agustín de Elía estaba derrotado, sabía que ya era una batalla pérdida y solo atinó a responder con palabras desafortunadas. “En 74 años San Justo no ha registrado ningún acontecimiento digno de mención. Es un pueblo viejo, cuya iglesia está en pésimas condiciones y donde no existe ni una comisión de damas que se ocupe de obras de beneficencia”, lanzó en los periódicos de la época.

 

El poder político matancero, en manos de los conservadores, había quedado desnudo y el proyecto de traslado naufragó. Los negocios y negociados formaban parte ineludible para los padres del Fraude Patriótico. Pero el pueblo dijo presente y evitó el affaire.

 

Alejandro Enrique

Periodista e Investigador