Doña Pascualina, sigue entre nosotros.

dona-pascualina

Los visitantes del Cementerio de San Justo, allá por los años 50, 60, al entrar a el, giraban su cabeza hacia la izquierda, y allí estaba la bóveda, de la familia Fortino y en la puerta, del lado de afuera, por supuesto, la adusta y maternal presencia, de doña Pascualina Tigñanelli de Fortino.

 

Una fantástica escultura tamaño natural, realizada en mármol de carrara—creemos que traído de Mar del Plata— con la que dos sus hijos varones, Pascual y Manuel, homenajearon a su querida madre en el primer aniversario de su muerte, 14-12-48/ 49.

 

Los chicos de aquellos años, a falta de otros paseos, solíamos ir a dar una vuelta por la Estación de San Justo y de allí a recorrer la magia y el misterio del Cementerio, tal vez hoy no se entendería, pero fue así.

Al hacerlo, no solo nos impactaba aquella presencia pétrea de doña Pascualina, sino también la presencia, junto a ella de uno de sus hijos, Manolo, el que vivía aquí y el que más la extrañaba en la soledad de su soltería. Su otro hermano, Pascual, vivía y tenia sodería en Mar del Plata.

 

Manolo era el asiduo visitante de la madre, y pasaba horas junto a aquella escultura, vaya uno a saber enfrascado en que extraño dialogo espiritual con su progenitora. Estas dos presencias, madre e hijo, fueron por años parte del paisaje con el que uno se encontraba al llegar al Cementerio.

Acaecida la muerte de estos dos hermanos, la descendencia de Pascual, opto por la venta de los bienes familiares en BSAS., incluida la bóveda familiar.

 

Los nuevos dueños de la bóveda, retiraron la escultura, que fue a parar a una marmolería cercana. Allí comenzó el deambular de doña Pascualina.

En algún momento apareció la feliz idea de realizar en la plaza del Cementerio un homenaje a las madres y con este motivo emplazar allí, la imagen de doña Pascualina. Sin embargo surgió una de esas voces, que nunca faltan, aduciendo que ello no era posible, pues doña Pascualina era

-” la madre de un homosexual…”—y así, gracias a esta increíble decisión, doña Pascualina, siguió peregrinando, hasta que nuestro querido Profesor Corso, solicito los permisos pertinentes y gestiono su traslado a un lugar donde podía preservarse, el Museo Histórico J.M. de Rosas, mientras “pensamos” que hacer con ella que es sin duda Patrimonio Histórico, en la memoria de los sanjusteros del siglo XX.

 

 

Foto: Archivo CEHLAM.

Por Adolfo “Fito” Correa