Lecheros, carniceros, soderos y otras yerbas.

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Más de una vez, hemos hablado en nuestra página, sobre la epopeya del surgimiento de los barrios de La Matanza. Y es que a partir de los años 40, 50, llegaron a nuestro distrito  centenares de industrias que requerían mano de obra no solo en su construcción, también en su puesta en marcha. Así fue que las antiguas quintas fueron loteadas, y en el mismo lugar donde hasta ayer nomás se sembraba, sobre todo verduras, comenzaron a erigirse de manera  caótica, nuevos y nuevos barrios, que albergarían a aquellos nuevos obreros industriales, hasta ayer peones rurales en el interior de nuestras provincias.

Un dato revelador. Censo 1947 : 98.471 habitantes. Censo 1960: 401.738 habitantes. Con estos números, sobran las palabras.

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Que necesitaban estas familias para instalarse y poder vivir allí…de todo.

Desde materiales de construcción, hasta lo más elemental para la subsistencia. Obviamente no había comercios para abastecerlos, fuera de los “lotes pelados”, nada. Mientras el entramado de estos barrios se formaba, surgieron por le imperio de la necesidad decenas y decenas de repartidores que cubrieron aquella falencia acercando hasta los precarios domicilios todo lo que te pudieras imaginar, pan, carne, leche, soda, aceite, carbón y kerosén, únicos combustibles posibles, frutas…en fin todo.

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Una autentica logística de productos llegaban a los nuevos barrios, verdaderos andurriales, con frío, lluvia, viento, no importaba, allí estaban estos hombres abasteciendo  de las necesidades primarias, a miles y miles de auténticos pioneros que hicieron posible la formación de estos barrios, hoy enormes barriadas, nacidas en medio de la ruralidad de nuestro distrito, donde todo debía hacerse de cero…y lo hicieron. Aquí queremos hacerle un justo reconocimiento a estos cientos de esforzados repartidores, que cubrieron una necesidad básica, hasta la llegada del comercio, que continuaría cumpliendo con aquella misión.

Por Adolfo “Fito” Correa