Archivo de Noviembre de 2010

El Hogar de Niños María Luisa de Aldo Bonzi

Viernes, 26 de Noviembre de 2010

vista-lateral-del-edificio-principal-1940-web

Muchas de las personas que viven en Bonzi y muchos de los alumnos de la ENCAB no saben que en las instalaciones de esa institución, hace no mucho tiempo, funcionaba el Hogar de Niños María Luisa. Actualmente son muchas las teorías y leyendas que hablan de los chicos que allí vivían, de misteriosos túneles y mucho más.

 

El Hogar comenzó a funcionar en 1917 cuando el señor Rodolfo Schulz, ex Cónsul General de Austria–Hungría donó una casa y terrenos linderos de su propiedad a la Asociación de Beneficencia Austria, en homenaje a su difunta esposa María Luisa Schulz. El predio estaba limitado por las calles Defensa, Darragueira, Cucha Cucha y Campion.

 

La Sociedad de Beneficencia Austro-húngara “Francisco José I”, inició sus funciones el 16 de diciembre de 1901, y uno de sus principales objetivos era ayudar a quienes comprobaran ser súbditos Austro-Húngaros, dándoles ayuda económica, proporcionando trabajo y facilitando colocaciones a los numerosos inmigrantes que llegaban al país provenientes de Europa.

En un comienzo, la mayoría de los chicos eran alemanes y descendientes de alemanes que fueron asilados debido a los cambios políticos producidos en Europa en esa época.

 

“En efecto, merced a la magnífica ayuda pecuniaria de la Federación Alemana de Beneficencia y Cultura, nuestras instalaciones han sido duplicadas y en ellas, nuevos miembros de la alegre familia de “cebollitas”, sin distinciones de raza, credo o nacionalidad, llenarán todos los ámbitos de risas y juegos infantiles y en alegre camaradería el 90% de pequeños argentinos asilados, estrecharán más aún, si ello es posible, con sus hermanitos alemanes, los indisolubles lazos de amistad que unen a las dos grandes naciones amigas”, dice un escrito de la institución que data de 1940.

 

El Hogar de Niños María Luisa tenía amplios dormitorios, comedor, sala de estudio, gimnasio y un amplio espacio al aire libre. Los terrenos linderos de la casa-habitación tenían un tambo, en el que “las vacas sanas surten de leche, manteca y quesos para todas las necesidades del hogar”. Había gallineros donde los niños hacían la diaria recolección de los huevos para su consumo, y hasta algunos se encargaban de los cuidados de las colmenas productoras de miel para el té de la tarde. En la huerta se cultivan toda clase de hortalizas y frutales y en el jardín los pequeños floricultores ayudaban a cultivar “las más hermosas variedades que luego con su policromía y perfume irán a complementar la sensación de hogar en los interiores”, según comentaba el citado escrito.

 

Fue hacia la década del 70, cuando cerró definitivamente es establecimiento de nivel secundario que funcionaba en el Colegio Domingo Savio, que un grupo de padres preocupados por la educación de sus hijos que se unieron para trabajar en pos de esta iniciativa, que tras gran cantidad de trámites, derivaron en la ENCAB de Aldo Bonzi.

 

La tarea fundamental a la que se abocaron los padres fue la de iniciar un expediente para la adquisición de un inmueble. Luego de una visita al Hogar María Luisa, se concurre en delegación a la Asociación Alemana de Socorros Mutuos, en Villa Ballester, donde se les ofrece comprar el predio. Los integrantes de esta Asociación benéfica, luego de varias entrevistas, deciden aceptar la oferta de la Cooperadora del E.N.C.A.B. a pesar de tener una oferta mejor de una terminal de ómnibus.

 

Con el tiempo la escuela adoptó una nueva estructura y agregó aulas, pero el edificio principal de lo que era el Hogar se mantiene intacto, manteniendo esa singular fachada que en otras épocas estaba rodeada de niños huérfanos.

Hace algunos años atrás se descubrió la entrada a uno de los famosos túneles que tenía el Hogar. Esa entrada se encontraba debajo de donde hoy se encuentra la portería. Dentro de él se encontraron algunos utensilios de esos pequeños, pero no se pudo determinar cual era la función de ese lugar. Una de las teorías es que el conducto pasaba por debajo de la entonces pileta de natación. Cuando desagotaban la pileta, el agua pasaba por ahí y llegaba hasta el sector de la huerta y era aprovechada para el riego.

 

Por otro lado, algunos vecinos dicen además que en época del peronismo estos chicos recibieron la ayuda de la Fundación Eva Perón y recibieron donaciones de juguetes que era común por esos tiempos.

Para los que vivimos en esta época, sobretodo para los más jóvenes, siempre ha sido la ENCAB o “la comercial” de Bonzi, pero ese edificio, como tantos otros lugares de este hermoso pueblo fueron escenarios de nuestra rica y joven historia que desde ABMagazine los invitamos a conocer.

 

Agradecemos a Graciela Artaza y demás miembros de la ESB Nº 163 y EEM Nº 41 por la información aportada para esta nota.

 

*por Lic. Laura Ledesma

Guerra por el traslado del Palacio Municipal a Ramos Mejía

Viernes, 12 de Noviembre de 2010

001

La Década Infame que los conservadores ejecutaron luego del golpe de estado del 6 de septiembre de 1930 se expandió por todo el territorio nacional. La política y los negocios formaron parte de una misma cosa para quienes se sentían los verdaderos dueños de la Argentina.

 

En el año 1939 gobernaba la provincia Manuel Fresco. Todo un símbolo del caudillismo bonaerense, Fresco lideraba el Partido Demócrata Nacional (PDN). En la Intendencia de Matanza se había comisionado a Agustín Isaías de Elía. Descendiente de Francisco Ramos Mejía, Agustín de Elía además de Intendente se desempeñaba como senador y creyó ver un gran negocio en el traslado del Palacio Municipal.

 

Por entonces San Justo no era el poblado más desarrollado del distrito. Según un informe del gobierno comunal de entonces, su población estable rondaba los 4.000 habitantes, mientras que en Ramos Mejía, en diciembre de 1938, había 28.215 personas. La influencia del Ferrocarril Oeste hacía que el poblado más próspero fuese Ramos, impulsando básicamente al comercio.

 

Entonces el intendente de Elía creyó oportuno presentar un proyecto para construir un nuevo Palacio Municipal en terrenos baldíos ubicados en Avenida de Mayo al 1.500. En una superficie totalmente despoblada, a principios de 1939 se pensaba crear el barrio parque General Bartolomé Mitre junto a la nueva sede comunal. Los conservadores matanceros supusieron que la obra iba a ejecutarse rápidamente y se inauguraría en enero de 1940. Pero, inesperadamente, surgió una fuerte oposición del vecindario sanjustero.

 

Además del flamante Palacio Municipal y del barrio Bartolomé Mitre se anunciaba una sucursal bancaria, un colegio nacional, una sala de cine, un recreo público y un edificio para aguas corrientes. El Estado municipal ya había adquirido una parcela de tierra de 120.000 metros cuadrados y se apresuraba a imponer la iniciativa.

 

002

De inmediato, y ante la velocidad que tomó el proyecto, en San Justo se constituyó la Unión de Vecinos de Matanza. Encabezados por Ignacio Arieta, Héctor Fernández Mendy, José E. Eizaguirre, Joaquín Domato y Vicente Capurro estos referentes (mayoritariamente vinculados a la UCR) desplegaron una intensa actividad. Movilizaron a vecinos, realizaron actos públicos y enviaron telegramas al gobernador Fresco y al presidente Roberto Ortiz.

 

El doctor Arieta argumentaba que se trataba de un gasto innecesario y que “el actual Palacio Municipal es nuevo y bello; y cuesta desde su inauguración en 1927 hasta ahora, cerca de 400.000 pesos”. Esto último lo expresó en el salón de actos del diario capitalino La Prensa hasta donde se llegaron decenas de matanceros opositores al traslado.

Ante tamaño movimiento, Agustín de Elía optó por insistir con el proyecto; no quería que los radicales le torcieran el brazo. Para eso hizo organizar otro movimiento vecinalista pero en este caso para apoyar su idea. En una carta sin firmas lo alentaban a seguir adelante. La esquela se publicó el 17 de junio de 1939 en el diario El Oeste: “todas las grandes empresas de aliento que hicieron grande a este país tuvieron opositores, pero en este caso somos la inmensa mayoría de la población de este partido los que hemos de acompañar”.

 

La batalla estaba declarada y el Intendente no se privó de nada: Los mismísimos inspectores municipales salieron a la “caza” de adherentes. Arieta no dejó pasar la grosería política y denunció a de Elía ya que “inspectores y empleados de la Municipalidad de Matanza, haciendo gravitar el peso de su autoridad, recorren pueblos y villas del partido exigiendo adhesiones para el proyecto”. Al parecer los inspectores presionaban a pequeños comerciantes de los distintos pueblos matanceros.

 

Ante tal ofensiva los vecinos de San Justo sacaron un As de la manga y le asestaron un golpe de gracia al intendente de Elía. Los vecinos dieron a conocer a la opinión pública que las tierras en donde se quería a construir el nuevo Palacio Municipal y el barrio General Bartolomé Mitre pertenecían “a la sucesión de doña Magdalena de Elía de Ezcurra”, familiar del Intendente. Se supo así que el tema de fondo, en verdad, era un negocio inmobiliario con destinatario directo. Quedaba demostrado que el nuevo edificio municipal ocultaba favores comerciales para la familia de quien impulsaba el proyecto.

Esto sublevó a los vecinos de San Justo que el domingo 2 de julio colmaron la plaza céntrica. Banderas y carteles poblaron el centro cívico (ver foto). Acusaron al jefe comunal y hasta un descendiente de Justo Villegas se hizo presente en el mitin. “Se buscan tierras familiares para sacarles rentas”, acusó sin tapujos Alfredo Villegas Oromí ante la ovación de la multitud.

 

El intendente Agustín de Elía estaba derrotado, sabía que ya era una batalla pérdida y solo atinó a responder con palabras desafortunadas. “En 74 años San Justo no ha registrado ningún acontecimiento digno de mención. Es un pueblo viejo, cuya iglesia está en pésimas condiciones y donde no existe ni una comisión de damas que se ocupe de obras de beneficencia”, lanzó en los periódicos de la época.

 

El poder político matancero, en manos de los conservadores, había quedado desnudo y el proyecto de traslado naufragó. Los negocios y negociados formaban parte ineludible para los padres del Fraude Patriótico. Pero el pueblo dijo presente y evitó el affaire.

 

Alejandro Enrique

Periodista e Investigador