Archivo de Julio de 2010

A tres años de su desaparición.

Sábado, 31 de Julio de 2010

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El 1º de julio pasado se recordó el Día del Historiador. Esta fecha fue instaurada en el año 2002 por el Congreso de la Nación en homenaje a escritores, investigadores, profesores y aficionados que se empeñan en reconstruir el pasado. La fecha no es caprichosa y tiene su origen en el año 1812 cuando el Primer Triunvirato ordenó dejar escrito los acontecimientos de la Revolución de Mayo con la finalidad de “perpetuar la memoria de los héroes y las virtudes de los hijos de América del Sud, y a la época gloriosa de nuestra independencia civil”.

 

En La Matanza existieron, existen y existirán muchos hombres y mujeres a los que se los podrá homenajear en ese día. Pero será la figura de Alfonso Corso la que recurrentemente emergerá entre ellas como símbolo de este esforzado oficio. Es por eso que este, el Mes del Historiador, y a pocos días de recordarse un nuevo aniversario de su fallecimiento (1º de agosto de 2007), es un buen momento para mencionar al querido Profesor Corso.

Se desempeñó como periodista en el diario alemán Argentinischen Tageblatt durante casi 40 años. En los resquicios que le abría ese trabajo aprovechó para investigar en distintos centros de documentación histórica de la ciudad de Buenos Aires. Colaboró en varios periódicos locales y publicó libros que dieron el puntapié inicial para la historia matancera.

 

Su amor por La Matanza no lo vamos descubrir ahora, pero como muestra alcanza un botón. Cuando promediaba la década del 60 Corso dedicaba gran parte de sus días a enviar cartas a diferentes personalidades del mundo para que conozcan a este distrito ubicado al oeste de la Capital Federal. Intercambió correspondencia con presidentes, políticos, artistas, reyes y príncipes que hoy son mosaicos en la historia del siglo XX. El Príncipe Rainiero de Mónaco, Charles De Gaulle, Fidel Castro, el egipcio Abdel Nasser y el Mariscal Tito de Yugoslavia fueron algunos de sus interlocutores epistolares. Por entonces ya había enviado más de 1.000 cartas y había recibido cerca de 500 respuestas.

Aquella labor le valió el reconocimiento del diario Crónica que le brindó una doble página en la revista ASI en el mes de junio de 1964. “El hombre que se cartea con presidentes y reyes”, se titulaba la nota en donde se ve a un joven Alfonso Corso visitando la redacción de del diario.

Posteriormente se destacó en tareas que todos conocemos. La divulgación de la historia matancera y el papel que habría jugado este pago en distintos momentos fundacionales de la patria fueron algunas de sus preocupaciones y obsesiones.

 

Una de las últimas voluntades de Corso fue que sus cenizas descansen para siempre en lugares tan disímiles como distantes. Sus hijas, Julia y Caty, fueron las encargadas de cumplir aquel deseo. Distintos rincones de San Justo como el monumento a Almafuerte, a San Martín, a Juan Domingo Perón, a Evita y a los héroes de Malvinas (todos en la plaza San Martin). En otros puntos de la ciudad cabecera, como “el viejo surtidor” en la esquina de Villegas y Entre Ríos, el puesto del banderillero del ferrocarril en Villegas y las vías, y en la Plaza del Periodista también descansan los restos del Profe. Por último, sus familiares también llevaron sus restos a otros tres lugares tal como él lo había pedido: en el complejo Campanópolis de González Catan (en donde hay un pasaje con su nombre), en el Coliseo Romano y en su casa natal de Badia en Italia.

El último puñadito de cenizas fueron a ese lugar que él tanto amaba: su biblioteca. Biblioteca que, libro a libro, fue edificando en el fondo de su casa.

 

Alejandro Enrique

Periodista e Historiador

Un histórico cruce de caminos.

Sábado, 31 de Julio de 2010

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Si claro, la foto lo dice, Camino de Cintura, y Provincias Unidas, que durante varios  años, tuvo una rotonda, hoy reemplazada por un puente mas acorde a los tiempos y  al transito actual. Sin embargo este antiguo Camino Real a Cañuelas, tuvo en este  sitio la Posta de Montero, lugar de recambio de caballos y recomposición de los  viajeros, cuando por aquí transitaban tropas, carretas, carruajes y hombres de a  caballo, tal y cual la época lo necesitaba. De aquello, solo nos queda la empecinada  palmera, que formaba parte de la arboleda que daba sombra y reparo a hombres y  animales en tiempos coloniales y luego a los criollos que por aquí transitaron.

 El cambio de los medios de transportes, obligó a que en un sitio clave como este,

 se instalara una…Estación de Servicio y esto llegó a fines de la década del 30 de

 la mano de la familia Hage, familia pionera de la Villa Constructora. Alrededor del

 año 1937 los hermanos Hage compraron esta propiedad e instalaron allí un taller

 mecánico, gomería, lavadero y venta de combustibles, de este modo, aquel solar

 histórico, volvía a su misión ancestral de asistencia a quienes transitaban por

 este antiguo Camino Real. Los combustibles de la época eran dos: Nafta, para

 los automóviles y kerosén para los hogares, ambos provistos por el primer

 distribuidor zonal de YPF, Satragno-Echeverria.

 

Héctor Hage, un protagonista de aquella historia, insiste en contarnos quienes eran

 los que casi a diario cargaban combustibles, si claro, las familias tradicionales,

 quien otro podía tener un auto o un camión en aquellos años, los Eizaguirre,

 Bruzzone, el cura Marcón, los Larre, Ianonne, Crovara, Iracet, Harguintegui,

 Dauría, Clerici y Blanco, Travaglio, Mario Blanca, Fernández Mendy, Bellantonio,

 Galecio, Scciuto, Massoli, Balaguer, Lecuona, Lasalote…y la lista sigue, y agregale

 la anónima cola del kerosén,  y todos ellos podrían dar testimonio de la importancia

 de esta iniciativa de los Hnos. Hage, acompañados por el patriarca Spiro Hage, un

 inmigrante Sirio-Libanes que formo esta familia pionera de nuestros pagos.

 

Si hay una actividad desgastante, esa es la estación de servicio, sin domingos ni

 feriados, agreguemos a esto el taller, gomería, lavadero, este cansancio más el

 inicio de otras actividades por cada uno de los hermanos, impulsó la decisión de

 vender, y allí por 1955 la familia Trillini comienza a regentear la estación de

 servicio “La Rotonda”, y lo haría por muchos años. Hoy por hoy, aquel negocio dejó

 de funcionar y se encuentra en franco abandono, desluciendo la brillante presencia

 que tuvo en otras épocas. Mientras tanto, allí mismo, a pocos metros, se encuentra

 la solitaria presencia de la histórica palmera, que nos recordará para siempre la

 importancia de este antiguo cruce de caminos y del Camino Real a Cañuelas.

 

 

Relato y fotos: Gentileza de Héctor Hage

Por Adolfo “Fito” Correa

Nueva sede del C.E.H.LA.M

Viernes, 2 de Julio de 2010

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Con la presencia de distintos amigos, el jueves 1 de julio de 2010 nuestra institución inauguró su sede, la cual se encuentra ubicada en la calle Villegas 2193 1º “D” de San Justo. En ese acto se le hizo entrega de un presente a la señora Julia Corso por su permanente colaboración.

Por:  Rubén O. Ferreiro