Archivo de Junio de 2010

Jauretche y nuestro casco histórico.

Miércoles, 9 de Junio de 2010

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Hace algo más de 60 años, visitaba nuestra ciudad don Arturo Jauretche, a la sazón, Presidente del Banco de la Provincia de BSAS. Lo hacía con motivo de la inauguración de la sucursal de dicha entidad en la ciudad de San Justo, en un local provisorio, y ya con la puesta en marcha de la construcción de su edificio definitivo, en terrenos comprados a la familia Larumbe.

 

Don Arturo, visitaba aquel noviembre del 48, un San Justo que aún conservaba casi intacto su casco histórico, y a Jauretche no se le pasó por alto. En su discurso, luego de repasar que aquella inauguración se debía, no solo a los reiterados pedidos de parte de los dirigentes del pueblo, sino que también el Banco veía en nuestro San Justo una increíble posibilidad de crecimiento de la que el Banco deseaba participar.

 

 A la vez nos advertía de que, aquel crecimiento  “no tuviera los defectos que han tenido otras ciudades…”  alentaba a que  “ las autoridades edilicias y provinciales se preocuparán de que sea una gran ciudad industrial y ediliciamente digna, hermosa y buena para la vida de los que en ellas viven, trabajan y hacen hijos…”

 

Debemos decir que, durante esa década del 50, las cosas tuvieron un curso más o menos llevadero, sin embargo y partir de los años 60, una a una fueron cediendo a la piqueta del “progreso” los edificios más emblemáticos con los que nos identificábamos en las cuatro manzanas que rodean la Plaza Mayor, la casona donde funciono el Club Social, el edificio colonial de nuestra Sala de Auxilios, la

 

esquina de Villegas y Almafuerte, la casona del Dr. Eizaguirre, las esquinas de Villegas y Arieta, la casona del Sr. Bidegain, la de los Massolo y la lista sigue, incluyendo el derribo de la dos torres de nuestra Catedral, Y en la última ola privatizadora hemos perdido de vista, hasta nuestro emblemático buzón.

 

En todos los casos, sin excepción, aquellos edificios de los primeros años del siglo XX,  fueron reemplazados por edificios  de lo más variado, no teniendo ninguno de ellos nada que ver con el otro, ni con la identidad inicial de nuestra ciudad.

El resultado de todo este descontrol urbanístico e histórico,  del que nos advertía Jauretche, fatalmente se cumplió y nos hemos quedado sin identidad arquitectónica y manoteando las ruinas de lo que queda, el reciclado edificio policial, la casona del colegio Santa Rosa de Lima, el edificio de la Escuela N 1º, y sobre todo el edificio de 1906 de la familia Larumbe, “La Juanita”, hoy por hoy en franco deterioro en su fachada.

 

Estamos aún a tiempo de que aquello que nos queda, no se pierda, más de una vez hemos imaginado el gran Centro de Cultura Municipal que nos debemos, instalado allí, en “La Juanita” y darnos a la tarea de restaurar lo deteriorado con algún club de amigos que contribuya a mantenerlo tal cual fue para nuestro orgullo. Y si, sin una cuota de  utopía, no hay proyecto que enamore. Así las cosas, no supimos escuchar  a tiempo la voz de don Arturo y mira… que habla clarito.

 

  

Biblografía: Discurso de Arturo Jauretche en San Justo 1948

 

Foto: Archivo CEHLAM

Por Adolfo “Fito” Correa

Doña Pascualina, sigue entre nosotros.

Jueves, 3 de Junio de 2010

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Los visitantes del Cementerio de San Justo, allá por los años 50, 60, al entrar a el, giraban su cabeza hacia la izquierda, y allí estaba la bóveda, de la familia Fortino y en la puerta, del lado de afuera, por supuesto, la adusta y maternal presencia, de doña Pascualina Tigñanelli de Fortino.

 

Una fantástica escultura tamaño natural, realizada en mármol de carrara—creemos que traído de Mar del Plata— con la que dos sus hijos varones, Pascual y Manuel, homenajearon a su querida madre en el primer aniversario de su muerte, 14-12-48/ 49.

 

Los chicos de aquellos años, a falta de otros paseos, solíamos ir a dar una vuelta por la Estación de San Justo y de allí a recorrer la magia y el misterio del Cementerio, tal vez hoy no se entendería, pero fue así.

Al hacerlo, no solo nos impactaba aquella presencia pétrea de doña Pascualina, sino también la presencia, junto a ella de uno de sus hijos, Manolo, el que vivía aquí y el que más la extrañaba en la soledad de su soltería. Su otro hermano, Pascual, vivía y tenia sodería en Mar del Plata.

 

Manolo era el asiduo visitante de la madre, y pasaba horas junto a aquella escultura, vaya uno a saber enfrascado en que extraño dialogo espiritual con su progenitora. Estas dos presencias, madre e hijo, fueron por años parte del paisaje con el que uno se encontraba al llegar al Cementerio.

Acaecida la muerte de estos dos hermanos, la descendencia de Pascual, opto por la venta de los bienes familiares en BSAS., incluida la bóveda familiar.

 

Los nuevos dueños de la bóveda, retiraron la escultura, que fue a parar a una marmolería cercana. Allí comenzó el deambular de doña Pascualina.

En algún momento apareció la feliz idea de realizar en la plaza del Cementerio un homenaje a las madres y con este motivo emplazar allí, la imagen de doña Pascualina. Sin embargo surgió una de esas voces, que nunca faltan, aduciendo que ello no era posible, pues doña Pascualina era

-” la madre de un homosexual…”—y así, gracias a esta increíble decisión, doña Pascualina, siguió peregrinando, hasta que nuestro querido Profesor Corso, solicito los permisos pertinentes y gestiono su traslado a un lugar donde podía preservarse, el Museo Histórico J.M. de Rosas, mientras “pensamos” que hacer con ella que es sin duda Patrimonio Histórico, en la memoria de los sanjusteros del siglo XX.

 

 

Foto: Archivo CEHLAM.

Por Adolfo “Fito” Correa